El barrio Las Aguas se transforma a través de la historia de su gente
Las historias de Ricardo, Liliana y Marvin muestran cómo la memoria, el arraigo y las formas de habitar este barrio acompañan una transformación que busca construir futuro sin perder de vista a quienes han hecho de este lugar su hogar.
Hay lugares en el barrio Las Aguas que existen solo en el recuerdo de quienes los conocieron. Ricardo Chaves repasa en la memoria aquella laguna de su infancia en la que a sus seis años corría en búsqueda de atrapar una que otra rana mientras veía a sus amigos elevar cometa.
Cincuenta años después, aunque muchos comercios y rincones de su niñez desaparecieron, las historias permanecen. Y con ellas, una pregunta que atravesó la exposición inmersiva El Barrio: la ciencia de vivir juntos, que tuvo lugar en la Sala Colpatria de la Universidad de los Andes del 1 de julio al 15 de agosto de 2026, ¿qué pasa con la relación de los habitantes cuando el barrio empieza a transformarse?
Las respuestas aparecen en la memoria, en las costumbres y en las razones que cada persona encuentra para seguir haciendo de Las Aguas su lugar.
Para Liliana Ruiz, quien vive en el sector desde hace 30 años, esa relación está ligada al arraigo que tiene por su casa. Recuerda una vivienda antigua, con pisos de madera y paredes de adobe, entre cuyas tablas llegó a perder su juguete favorito. Ella cuenta que su padre desde los años 80 intuía que el sector cambiaría y construyó ese hogar pensando en un futuro que hoy Liliana disfruta con su hija.
Hoy Liliana en su cotidianidad encuentra otras razones para quedarse. La posibilidad de caminar hasta su trabajo, tener cerca museos y actividades culturales, subir a Monserrate de tanto en tanto y cruzarse con pequeños momentos de naturaleza en medio de la ciudad.
Marvin Rincón, por su parte, creció jugando en la calle, trepado sobre las pitufas (antiguas patrullas de policía) del aquel entonces parque Germanía. Años más tarde, durante la pandemia, vendiendo almuerzos puerta a puerta, volvió a recorrer cada esquina del vecindario y descubrió los rostros de vecinos con quienes nunca había hablado.
Desde entonces, ha profundizado en la historia del sector, realiza recorridos con estudiantes y trabaja desde hace 15 años en la recuperación del río Vicachá, que como él dice, es “un tesoro escondido” que corre muy cerca y que muchos aún no conocen.
Vivir en un entorno que cambia, implica reconocer sus tensiones, así como las oportunidades que surgen para encontrar nuevas formas de habitarlo. El crecimiento del comercio, la llegada de nuevos habitantes y los cambios en las dinámicas cotidianas generan distintas percepciones. Ricardo valora la modernización que con los años ha vivido el sector, aunque extraña la intimidad, que, para él, el vecindario tenía antes. De ahí surge la pregunta sobre ¿cómo nos imaginamos el barrio transformado?
Liliana sueña con calles más seguras y con más zonas verdes, mientras que Marvin piensa en la necesidad de generar iniciativas culturales, sociales y artísticas que permitan a los vecinos y visitantes reencontrarse, recuperar las historias de antaño y reconocer la historia e identidad del barrio que ha sido a su vez protagonista y testigo de la historia de Bogotá.
Esta conversación cobra vida con una propuesta de renovación que pone en el centro la permanencia de la comunidad tradicional y abre espacios para que sus habitantes participen en las decisiones sobre el futuro de su propio entorno. Una renovación urbana que no solo mejora los edificios, sino que cuida a las personas y los vínculos que ya habitan el lugar.
Para Ricardo, esta participación marca una diferencia real frente a transformaciones que han implicado la salida de quienes ya vivían allí. Para Marvin, participar y mantenerse informado permite estar presente en las decisiones que inciden en su entorno.
En este camino, el Programa Progresa Fenicia acompaña a la comunidad desde el trabajo social y la participación, generando espacios para vivir juntos, fortalecer capacidades y construir proyectos de vida en cada etapa de las personas. Niños, jóvenes, adultos y mayores hacen parte de una apuesta que entiende que el desarrollo del sector tiene sentido comprendiendo la visión de la gente que lo habita.
Así el futuro de la transformación del barrio, tal como lo proyectó la exposición, tiene los rostros de Ricardo, Liliana, Marvin, y de cada familia que han sido testigos sus cambios y han construido su historia, sueños y anhelos en Las Aguas y lo siguen eligiendo como su hogar.
Público visitando la exposición El Barrio: la ciencia de vivir juntos
Vecinos del barrio visitando la exposición El Barrio: la ciencia de vivir juntos
Público visitando la exposición El Barrio: la ciencia de vivir juntos