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DB101: Un negocio de familia

 

A las 8:00 a.m, cuando el sol enceguece pero no calienta, la fila de estudiantes que esperan para entrar a la panadería Doña Blanca supera en número a quienes están en las mesas. Conversan entre ellos, hablan por teléfono, revisan apuntes de clase y los más des complicados, voltean canastas de gaseosa para esperar sentados e incluso desayunar allí. Ninguno de ellos parece querer irse. “Es que los desayunos son muy buenos”, dice uno de los muchos que espera en la fila.

El día para sus propietarios, Saúl Sierra y Blanca Gordillo, comienza  desde la 1 a.m. Tras tomarse el primero de todos lo tintos que los mantendrán despiertos hasta las 10 de la noche, preparan la masa de sus productos y la dejan crecer. Durante las cuatro horas siguientes surten todo lo que tenga queso, alistan el pan fresco, hierven ollas con caldo y calientan tamales.

Saúl y Blanca están casados hace 45 años y son las primeras ramas de un árbol familiar que tiene ya cuatro generaciones. Cuatro hijos: Saúl, Sandra, Carolina y Mauricio; once nietos, y un par de bisnietos. Todos ellos viven de la Panadería Doña Blanca y aprendieron el oficio directamente de sus padres. “Como son los míos tengo que darles trabajo. ¿Sí ve la ley del amor?”, dice Saúl.

La panadería existe hace veintiún años. Comenzó en una esquina de la carrera 19 con calle 153, en el barrio Villa Magdalena, recibiendo clientes de los colegios vecinos Antonio Cervantes y Anglo Americano.  “Ya se puede imaginar, allá se mueve mucha plata, pero los impuestos, la luz y el agua son carísimos”. Buscando ahorrar costos, la panadería se trasladó al barrio Fenicia, en la carrera 1 con calle 20A y desde hace 20 años es visitada por estudiantes, residentes del sector, turistas y peregrinos que suben a Monserrate.

Saúl Sierra es oriundo de Garzón Huila y se considera un artesano del pan. Sus primeras incursiones en el oficio fueron estando muy niño, cuando tras radicarse en la capital, tuvo que emplearse en una panadería haciendo aseo a la latas de hornear. Fue ascendiendo rápidamente, de limpiar la latas pasó a ser puerta de horno y de puerta de horno llegó a ser panadero. Trabajó con griegos, suizos, alemanes, gringos y antioqueños. Poco a poco fue perfeccionando sus habilidades y creando sus propias recetas. El pan de queso es quizá una de las más apetecidas, lleva el queso sobre el pan, se sirve caliente y acompaña todos los desayunos que se vende en el lugar.

Durante años, Doña Blanca ha sido uno de los sitios preferidos por los estudiantes, profesores y hasta directivos de la Universidad de los Andes. El vicerrector administrativo y financiero, Javier Serrano, frecuentemente visita la panadería por las mañanas para tomarse un café con un pan francés y un pan rollo. Es tal la popularidad del sitio, que los alumnos la han convertido simbólicamente en parte de la universidad, asignándole una nomenclatura que la suma a los los edificios del campus, DB101: Doña Blanca 101.