chinMED 

Yo recuerdo Fenicia
Por Héctor Ulloa, ‘Don Chinche’

Iba al barrio todos los martes a grabar Don Chinche. Conocí Fenicia con sus casas viejas. Ahí quedaba el teatro Cuba, que fue dejado en el olvido, convertido en bodegas y en parqueadero hasta que lo rescató la Orquesta Filarmónica de Bogotá con apoyo del Distrito.

En el lugar estaban los residentes que llevaban ahí muchos años viviendo en sus casas. Uno de ellos era el personaje Don Santiaguito, un viejito que siempre se asomaba por una ventana. En una de las primeras grabaciones de Don Chinche, abrimos la posibilidad de hacer exteriores con una sola cámara. En la calle, la gente se atravesaba porque no sabía que estamos grabando. Y don Santiaguito siempre aparecía, así que con Pepe Sánchez decidimos hacerlo parte de los personajes del programa.

En la zona se hacía una especie de parodia de la vida común y corriente. Por ejemplo, en la esquina de la grabación había una señora que hacía chunchullo y arepa. Nosotros pasábamos a comprarle y eso lo metíamos dentro del programa. Por eso Don Chinche tenía tanto sabor a verdad. Creo que en parte esa era la causa del éxito.
Pepe reconstruyó con mucha propiedad la
vida que compartían dentro del mismo barrio
el policía y el raponero. El policía nunca logró apresar al raponero y el raponero nunca logró ser exitoso; se robaba algo y, como parte la aventura, las cosas robadas retornaban a su dueño. Esa
era parte de la vida de un barrio de los pocos en Bogotá que sobrevivían al cambio urbanístico. Eran cosas imperceptibles para el televidente, pero en cierto modo esas convivencias fijaban la realidad.

CHincpreYa que se acerca Halloween, recuerdo una historia de terror que inventó Pepe para el programa: empezamos a oír ruidos raros y se corrió la voz de que habíamos descubierto una guaca. Golpeábamos la pared y sonaba como vacío; entonces, una noche cuadramos las cosas para que las mujeres del barrio se reunieran a cualquier cosa, mientras nosotros salíamos a abrir la guaca. Cuando logramos romper, alguien metió la mano y esta le salió untada de una cosa roja. Por supuesto, nos morimos del susto, porque pensamos que era sangre, pero era dulce de mora. Habíamos roto la pared de la cocina de una casa vecina.

Del proyecto de renovación en Fenicia, creo que lo más importante es que lo que se transforme en el barrio se haga en función de la gente. Toda la vida se ha hablado de renovación en el centro. El desafío, pienso, es hacer que convivan tanto el segmento nativo del barrio como los que han accedido a este en busca de soluciones de vivienda. Después de Don Chinche trabajé detrás de cámaras en la parte ejecutiva. Hoy casi no salgo de mi casa, vivo feliz con mi esposa y visitamos de vez en cuando a nuestro hijos, que viven fuera del país.